El bokeh y sus encantos
El bokeh es un concepto fotográfico -algo dificil de explicar aunque fácil de entender- que se refiere a la parte desenfocada de las fotos. No a un lugar determinado en la fotografía (no puedes decir “mira esa flor en el bokeh”) sino al desenfoque en si.
Cada objetivo da un bokeh particular: difumina de distinta manera lo que queda fuera de la zona enfocada. Ésto, que puede parecer una tontería, cuando ya tienes el ojo perturbado de tanta fotografía, podría ser casi tan importante como el motivo a fotografiar. Un buen bokeh, es decir, un bokeh bonito, es algo tan a valorar como cualquier otra característica de un objetivo.
Saber si un bokeh es bueno o bonito es tan subjetivo como cualquier otra decisión estética, aunque casi todo el mundo considera bonitos los más sedosos y degradados. ¿Por qué? Pues porque normalmente lo que nos interesa resaltar, el motivo de la foto, estará enfocado, y un bokeh sedoso difuminará lo desenfocado sin estridencias y sin arrebatarle protagonismo a lo que nos interesaba fotografiar.
¿Qué hace que un objetivo dé un bokeh u otro? Pues una combinación difusa entre el número de palas del diafragma, su apertura, su forma (todos son bastante circulares, pero eso que hay entre el bastante y el totalmente también afecta), y las lentes, su cantidad, calidad y posición.
Hay muchas lentes famosas por su bokeh. Algunas por dar uno suavísimo y degradadísimo, y otras porque lo dan extraño e irregular, y permite dar un toque curioso a las composiciones. Apenas hace un mes que tengo entre mis cacharros un Samyang 85mm f/1.4, bastante barato, que se encuentra entre los primeros. En la misma focal, pero en el segundo grupos, seguramente el más famoso sea el Helios 40 85mm f/1.5. Las fotos que ilustran este post están hechas con uno y con otro. ¿Adivinas cuál es cuál? ¿Ves las diferencias?
